Alaejos

El territorio en el que se asienta la población de Alaejos manifiesta una gran antigüedad en lo que a presencia humana se refiere. Evidencias arqueológicas de industria lítica tallada, localizadas en pagos cercanos como el de El Castillejo-Las Carnecerías, muestran que, en el Paleolítico Inferior, hace casi medio millón de años, pasó por la zona algún grupo humano. En otros enclaves como en el pago de Redondo han aparecido restos de industria más reciente.

De finales de la Época del Bronce, en relación con la cultura de Cogotas I, fechadas en los últimos momentos de la Edad del Bronce, en torno a 1500-1000 a.C. se encuentran restos de cerámica hecha a mano en las zonas del conocido como Tablón y en los yacimientos de San Cristóbal (I, II y III), con clara relación con el horizonte la misma cultura de Cogotas I.

Curiosamente, no se encuentran registros de la época de la Edad del Hierro ni romanos, quizá la falta de intensidad en las prospecciones o las circunstancias históricas lo hayan enmascarado, pero sí en cambio, hay restos visigodos en la zona de Montenegro, lo que indica una cierta permanencia lineal en la ocupación del territorio.

Más cerca de la actual población y en el interior de esta, se constatan restos pleno y bajo medievales, que se extienden a las zonas de la antigua ermita de Santa Ana y el despoblado de Valdefuentes – San Gil, antigua población cercana a Alaejos, que se abandonó en el duro siglo XVII.

Cerca de este despoblado, en el término lindante con Nava del Rey, se encuentran los restos del llamado Torrejón, una antigua construcción bajo medieval que conserva algunos lienzos maltrechos de hormigón con una forma circular.

CLIC PARA LEER MÁS

La primera aparición documental en la historia de Alaejos se constata en un registro testamentario de 1180, cuando se la cita como la población de Falafeios. Se supone, como la mayoría de poblaciones del territorio, que quedó integrada en la Comunidad de Villa y Tierra de Medina tras la conquista de Toledo en 1085.

En la conocida como Tierra de Medina se integraban más de 70 emplazamientos que atraían las miradas de los reyes y grandes familias, que ambicionaban su presencia en un territorio que definía parte de la frontera entre los reinos de Castilla y León.

El castillo de Alaejos tuvo un importante papel en la guerra de sucesión del XV en favor de la futura reina Isabel I, lo que traería importantes beneficios posteriormente y en la guerra de la Comunidades en favor del bando real, lo que trajo una momentánea crisis que afectó a sus edificios principales cuando fue sitiada entre octubre y noviembre de 1520.

En el año 1452 su propiedad pasó de realengo al señorío de la poderosa familia Fonseca, gracias a la donación que el príncipe Enrique IV realizó en beneficio de Alfonso de Fonseca. Inmediatamente, el siglo XVI fue el que supuso el mayor esplendor de Alaejos gracias al impulso que recibió de la propia familia propietaria y de los Reyes Católicos.

Aquí nació Fray Miguel de Alaejos, presidente del Consejo de Castilla y Dean del monasterio de El Escorial en tiempos de Felipe II, al que no dudaba en amonestar, cuando su comportamiento no era todo lo correcto que se esperaba de un rey.

Su ventajosa posición geográfica como encrucijada de caminos y su producción agropecuaria, basada en la producción vitivinícola, la hicieron famosa en el reino, “vino de Alaejos que hace hombres a los niños y remoza a los viejos”.

Mientras era reconocida por personajes de la corte, y artistas, fue cantada por literatos como Francisco de Quevedo que en una de sus poesías dice que… “Los paños franceses no abrigan lo medio que una santa bota de lo de Alaejos” o Miguel de Cervantes, que en su Licenciado Vidriera le coloca como uno de los mejores de España

Pero no fueron los únicos escritores que conocían Alaejos, no se puede olvidar a Miguel de Unamuno que la visitaba en su camino de o desde Salamanca y parece ser que le gustaba tumbarse en la cabecera de Santa María para poder admirar cómodamente sus espectaculares artesonados mudéjares.

La crisis que asoló Castilla a lo largo del siglo XVII y gran parte del XVIII no pasó de largo por Alaejos. A partir de este momento se fue conformando su actual estatus, observando como se sustituía su producción de vino por el secano de grandes extensiones y a la vez seguía manteniendo un lugar privilegiado como emplazamiento al pie de las diferentes infraestructuras viarias.

Paulatinamente fue perdiendo importancia a medida que iba pasando en su integración en las provincias de Segovia y Toro hasta que se incorporó a la de Valladolid, a la que pertenecía desde el punto de vista eclesiástico desde 1595, cuando se fundó el arzobispado vallisoletano en detrimento de la salmantina, a la que perteneció hasta entonces.

 

PATRIMONIO HISTÓRICO ARTÍSTICO

La importancia de su patrimonio viene ya destacada en el hecho de que su caso histórico y las dos iglesias, de San Pedro y Santa María están declarados como BIC.

 

URBANISMO

Alaejos fue un emplazamiento amurallado, del que no ha pervivido testimonio material, salvo el trazado urbano que discurría en parte pegado a él. De su imponente castillo, con 4 torreones y torre del homenaje, apenas quedan restos. Se trataría de una fortificación levantada en origen a finales del siglo XII, con motivo del recrudecimiento de la frontera entre Castilla y León y reformado y ampliado en el XV. En el permaneció presa Juana de Portugal, madre de “La Beltraneja”, del que terminó escapando.

Su desarrollo urbanístico viene marcado por un trazado bien conservado desde el siglo XVI, mostrando interesantes ejemplos de casonas y fachadas con elementos heráldicos distintivos. Destacan, por su porte y heráldica algunas como la Casa del Marqués de Gastañaga con una pomposa fachada en la que destaca un escudo del XVII. La Casa de los Regidores del XVIII con 2 escudos y la Casa del Obispo, con escudo eclesiástico perteneciente al Obispo de Cuenca, Fernández Vadillo.

Destaca su espectacular Plaza Mayor, cerrada por soportales en dos de sus lados y una serie de casas que se abren a la misma, entre las que destaca la de los “Beneficiados de Santa María” de la primera mitad del XVIII. El Ayuntamiento fue levantado en torno a 1580 y sustituido por el actual en el siglo XVIII. Sin duda, el más imponente monumento de este foro, sea la cabecera de San Pedro con una original balconada. De las antiguas carnicerías y la cárcel no quedan testimonios.

Junto a la iglesia de Santa María se levanta el que fue “Hospital del Buen Pastor”, actual centro de salud. Levantado en el siglo XVI, fue sustituido por el edifico actual fechado en el siglo XVII.

 

PATRIMONIO RELIGIOSO

En la actualidad podemos disfrutar de la vista de las grandes iglesias de San Pedro y Santa María, señaladas en el paisaje que define a la población con sus elevadas torres. Además, se encuentran en pie las ermitas del Humilladero, integrada en el cementerio, como era costumbre en el XIX y la capilla santuario de la Virgen de la Casita.

Pero las fuentes constatan otros edificios desaparecidos que fueron las ermitas de Santa Ana, San Cristóbal y San Sebastián. En esta se ubicó el primer emplazamiento de un convento de franciscanos descalzos, fundado en 1572 por don Francisco Fonseca, que acabó disponiendo de edificio propio en las afueras de la población.

La gran cantidad del catálogo de patrimonio mueble que albergan las dos iglesias se completa, en parte, con el procedente de las edificaciones desaparecidas con el tiempo en Alaejos y en el despoblado cercano de Valdefuentes.

 

Santuario Nuestra Señora de la Casita

La leyenda cuenta que a finales del XV la Virgen se apareció a una campesina, Catalina de la Cruz, declarada como santa posteriormente, que estaba rogando la llegada de la lluvia en un período de prolongada sequía.

Tras una primera construcción, un humilde sotechado conocido como la casita, que había solicitado la propia imagen de la Virgen para protegerse de la lluvia milagrosa que había traído, se levantó el edificio santuario que albergaría a la imagen devocional.

La actual construcción muestra una dilatada evolución desde sus inicios, a finales del XV, allá por 1490 cuando se sitúa más o menos la aparición de la Virgen, a la que hay que sumar diferentes intervenciones en el tránsito entre los siglos XVII y XVIII.

Levantada en piedra y ladrillo, presenta una planta de salón estructurada en 3 naves articuladas en 4 tramos por pilares cuadrangulares que soportan arcos de medio punto.

La nave central se cubre con madera y las laterales con bóveda de cañón, mientras la cabecera, de forma cuadrada, presenta una cúpula ovalada sobre pechinas del XVIII, decorada con yeserías barrocas.

El resto del espacio del edificio se completa con una sacristía ubicada en el lado de la Epístola y un coro alto a los pies.

La fachada principal, del XVIII, está estructurada de una manera muy inteligente, enmarcada con dos grandes semicolumnas esquinas, que preparan un marco monumental en 3 alturas con molduras de ladrillo. El acceso se realiza por un hueco de medio punto bajo una ventana señalada con alfiz, todo ello enmarcado por dos pilastras que trasdosan las naves del interior. El conjunto se remata con una llamativa espadaña.

Llegó a tener dos accesos laterales con arcos de medio punto, hoy cegados. El del lado sur está enmarcado con baquetones apoyados en pequeños capiteles bajo una inscripción gótica con alfiz. La opuesta se señala con pilastras adosadas y muestra varias inscripciones barrocas que aluden a las reformas arquitectónicas del momento.

 

Ermita del Humilladero o del Cristo

Se trata de la capilla del cementerio, desde el año 1833, cuando las disposiciones gubernamentales obligaron a sacar los cementerios parroquiales a las afueras de las poblaciones para evitar problemas de salubridad.

Es una construcción de las últimas décadas del siglo XVI. De pequeñas dimensiones, su planta es cuadrada, levantada con muros de ladrillo que dibujan grandes arcos de medio punto con cubierta a cuatro aguas.

DIGITALIZACIONES

VISITAS 360º

DIGITALIZACIONES

VISITAS 360º