Olmedo

Según la tradición debe su origen a un emplazamiento de origen vacceo, en el que diferentes poblados se reunirían para establecer las estrategias o ritual de caza bajo un denso arbolado de olmos. Sin un fundamento documental, esta particular circunstancia ha pasado desde la tradición oral a la teoría histórica.

Para ser más precisos, hay que esperar hasta 1085 para ver como Olmedo hace presencia en la constancia documental histórica al relacionarse entre las poblaciones ocupadas por Alfonso VI en su campaña previa a la ocupación del reino taifa de Toledo. Precisamente, en su estancia en la villa fue cuando surgió la leyenda de la Virgen de la Soterraña y la fundación de su ermita.

La inmediata repoblación del emplazamiento, en 1093, deja señales inequívocas de la importancia estratégica de Olmedo, que inmediatamente se amurallaría y observaría un continuo crecimiento en la Edad Media, proliferando sus colaciones (barrios) con iglesias y parroquias y la fundación de diferentes conventos y monasterios.

Todo ello ocurrió al abrigo legislativo del fuero concedido por el monarca, el mismo de Roa, idéntico al que recibieron otras poblaciones del entorno.

En 1128 pasó a propiedad de la hermana de Alfonso VII, la infanta doña Sancha, que aprovechó su estancia en la población para fundar el monasterio del Santo Espíritu, tal y como se recoge en documento certificado en el archivo de San Millán de la Cogolla.

Olmedo comenzó a tener una estrecha relación con la monarquía y logró un especial status en una zona dominada por la influyente Comunidad de Villa y Tierra de Medina del Campo, con estructuras reales definidas, incluso con una importante comunidad judía a finales del siglo XIII.

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La importancia histórica de Olmedo volvió a hacerse patente en 1353, cuando se reunieron María de Padilla y su entonces amante, el rey Pedro I, que huía de su esposa Blanca de Borbón.

Fruto de su unión con María nació Constanza, a la postre duquesa de Lancaster, quien en el año 1389 recibió la propiedad de la villa de Olmedo al firmarse el Tratado de Bayona con el rey Juan I de Castilla.

Con esta rúbrica, la infanta renunciaba a los derechos a la corona que hicieron entrar en guerra a las ambiciosas intenciones al trono de Castilla de su marido, Juan de Gante, duque de Lancaster.

No debe olvidarse que la Real Chancillería tuvo su sede en Olmedo durante unos meses del año 1387 y posteriormente entre los años 1527 y 1528, lo que certifica la importancia de Olmedo en la baja Edad Media. En esta misma ubicación estuvo la Audiencia Real durante todo el siglo XIV

El siglo XV fue un momento muy convulso, que a la vez situó a la villa de los olmos en la primera línea de la escena política.

Las confusas líneas de frontera delimitadas por las ramas dinásticas de los Trastámara, que ocupaban los tronos de Aragón, Navarra y Castilla y las concesiones territoriales a sus infantes, unido a los intereses particulares de las distintas escalas de la nobleza castellana, hicieron de Olmedo una moneda de cambio ambicionada y peleada por los diferentes bandos.

Se convirtió en lugar principal de paso por las más influyentes figuras de las monarquías del momento, dado que se encontraba en el camino que unía las partes más influyentes del reino de Castilla como Madrigal de las Altas Torres, Medina del Campo o Valladolid. Los infantes de Aragón o el propio Juan II hicieron parada y fonda camino de eventos sociales o como preparación de diferentes enfrentamientos militares.

En 1436 fue parte de la dote que Blanca de Navarra, aportó a su matrimonio con Enrique IV de Castilla. Este hecho comenzó una serie de cesiones de propiedad y derechos que culminó en el enfrentamiento, conocido como “La Primera Batalla de Olmedo” el 19 de mayo de 1445, entre los infantes de Aragón: don Juan y don Enrique y sus partidarios con las tropas de Juan II de Castilla, que resultaron vencedoras.

Como consecuencia el rey castellano erigió la ermita del Espíritu Santo, también conocida como del rey o la batalla y adquirió una serie de derechos reales que aumentaron con la concesión de un mercado franco en 1466 por parte de Enrique IV.

El enfrentamiento que tuvo lugar en las cercanías de la población el 20 de agosto de 1467 entre las tropas de Enrique IV y su hermano Alfonso, coronado en Ávila en 1465 y sus acólitos, fue conocido como “La Segunda Batalla de Olmedo”.

Su resultado inconcluso no impidió que se acuñara el dicho popular desde el romancero de: “Quien señor de Castilla quiera ser, a Olmedo de su parte ha de tener”.

En 1468 pasó a propiedad de la infanta Isabel, futura monarca católica y el 12 de abril de 1515 Fernando el Católico firmó en Olmedo la convocatoria de las Corte de Calatayud.

Este monarca la cedió a su segunda esposa, su prima Germana de Foi y después a Leonor, hermana de Carlos V. Con esta cesión los olmedanos no estuvieron de acuerdo y se enfrentaron al propio emperador, hasta que revocó su decisión, al reclamar su derecho legitimado en un privilegio concedido por la reina Isabel.

Los críticos siglos XVII y XVII pasaron factura a Olmedo, como a todo el territorio castellano, con un descenso de población y de riqueza acusada. Las fuentes catalogaban entonces 7 parroquias, 8 conventos; cinco femeninos y tres masculinos y seis hospitales. El de Nicolás de Bari, llamado de la copera, exclusivo para sacerdotes y peregrinos lo constatan las fuentes y el de la Santísima Trinidad, al que fueron agregados los otros 6 restantes.

Su estratégica posición geográfica facilitó en 1811 la estancia de José Bonaparte, durante unos días, cuando se dirigía a Valladolid.

 

El Caballero de Olmedo

El último apunte histórico destacable de Olmedo, viene de la mano de una obra literaria inmortal, “El Caballero de Olmedo o la viuda por casar” de Lope de Vega, publicada en 1626.

La tragedia recoge un hecho cierto, el asesinato de Don Juan de Vivero y Silva, caballero de la orden de Santiago y señor de Castronuevo y Alcaraz a manos de Miguel Ruiz de la Fuente, un vecino de la misma localidad con el que se encontraba enfrentado.

Los hechos ocurrieron la noche del 6 de noviembre de 1521, en el promontorio de Senovilla cuando don Juan volvía de los toros de Medina del Campo.

En la actualidad se la conoce como la villa del Caballero y como la villa de los siete sietes, en referencia a los 7 pueblos que dependen administrativamente de ella, las 7 puertas que hubo en la muralla, las 7 iglesias que tuvo, sus 7 conventos, 7 caños, 7 plazas y 7 linajes que se originaron en Olmedo.

 

PATRIMONIO URBANO

Un rápido vistazo al actual patrimonio urbano olmedense, nos muestra el importante pasado medieval que llegó a tener la población. Los restos de su amplio recinto amurallado, así como el trazado urbano, en el que muchas calles mantienen la línea de esta muralla, denotan su estratégica posición medieval, de la que algunas fuentes llegan a hablar de una construcción acastillada en la zona de San Silvestre.

De los arcos de la villa que nos hablan las fuentes documentales, se conservan 2 en buenas condiciones, el arco de la villa y el de San Miguel, adosado a la iglesia que se adapta perfectamente a la antigua línea del muro defensivo, con los restos de la que debió de ser su oficina de atención administrativa.

Además del trazado de algunas de sus calles, se pueden observar importantes casonas, la de la familia Olmedilla con un patio del siglo XVI y una capilla barroca o la conocida en origen como mansión de los Bornos y después casa de los Longué, que hoy es el Palacio del Caballero de Olmedo, un centro expositivo y de interpretación en torno a su figura histórica y literaria.

Un paseo por la población permite observar llamativas portadas como la de la casa de los Dávila y escudos de diferentes épocas desde el XIV al XVIII.

En su plaza Mayor se pueden encontrar zonas de soportales y su ayuntamiento, con la antigua cárcel y el antiguo edificio de la Chancillería, conocido como la Torre del Reloj desde finales del XIX.

 

PATRIMONIO ECLESIÁSTICO

Conserva, Olmedo, un buen patrimonio eclesiástico con las iglesias de Santa María la Mayor o del Castillo, San Juan y San Miguel. Las consolidadas ruinas de San Andrés junto a la memoria de las iglesias de San Pedro, El Salvador y la de San Julián y Santa Basilisa componían un conjunto interesante de templos que daban cobertura a las necesidades litúrgicas de los diferentes barrios hasta el siglo XVIII.

Constan en las fuentes 8 edificios conventuales, de los que se conservan restos de varios. De órdenes masculinas fueron el de San Francisco, el de los mercedarios calzados y el jerónimo de la Mejorada a cierta distancia de la población.

Femeninos se catalogan los de la Concepción de monjas clarisas, el de la Cruz o Santa Isabel, que como el de Jesús mantenía monjas franciscanas, dominicas en el de la Madre de Dios y cistercienses en el del Santi Espíritu, hoy reconvertido en hotel – balneario.

En cuanto a las ermitas, varias tuvo la población, algunas desaparecidas como la de la Virgen de la Vega también llamada de Nuestra Señora de la Estrella, la llamada del Espíritu Santo, que no queda clara su adscripción, pudiendo ser una ampliación del monasterio del mismo nombre. La llamada del rey, fundada a partir de la victoria del bando castellano en la “Primera Batalla de Olmedo”. Quizá pudo haber otra en la zona de San Silvestre, donde las fuentes localizan un antiguo castillo o bien solo era la capilla del mismo. Por último, por el traslado del altar y su correspondiente retablo, conocemos la existencia de la ermita de San Antón.

En la actualidad se conservan los transformados restos medievales de la de San Roque, que cumple como capilla del cementerio y la más importante, la que da culto a la imagen de la patrona de Olmedo, la de la Virgen de la Soterraña, integrada como capilla independiente en la iglesia de San Miguel.

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